Al vaciar la casa de una abuela, entre papeles antiguos y fotografías, no es raro encontrar un décimo de hace varias décadas, guardado sin que nadie recordara ya por qué. Quien vive en Ibiza (Eivissa) y hace ese hallazgo suele mirarlo con curiosidad —el papel, el diseño, la cifra impresa— y preguntarse lo obvio: ¿habría cobrado algo, aquel año? La pregunta abre otra más interesante: cuánto ha cambiado el sorteo desde que se compró aquel décimo hasta la Lotería de Navidad en Ibiza que se juega hoy.
Un décimo que ya no se puede cobrar, pero que sí se puede leer
Lo primero que aclara cualquiera que conozca el sorteo es que el plazo para cobrar un premio es de tres meses desde la fecha del sorteo: pasado ese margen, por mucho que el número hubiera sido agraciado, el derecho a cobrarlo se pierde. Un décimo de hace generaciones, por tanto, ya no vale nada como papel de cobro. Sí vale, en cambio, como punto de partida para entender el recorrido del sorteo.
Comparar aquel papel con un décimo actual de la Lotería de Navidad en Ibiza deja ver cambios que van más allá del diseño: el precio del décimo ha subido con las décadas, el cuadro de premios se ha ampliado varias veces y hasta el propio rango de números ha crecido, del pequeño abanico de las primeras ediciones a las cien mil combinaciones actuales, del 00000 al 99999.
Lo que cambió sin que nadie firmara un único momento de cambio
Ninguno de esos cambios ocurrió de golpe. El cuadro de premios se fue ampliando categoría a categoría —las aproximaciones, las centenas, la pedrea en su tamaño actual— a medida que crecía el número de personas que jugaba cada edición, no como una decisión aislada tomada un año concreto.
Algo parecido pasó con la forma de enterarse del resultado. Quien guardó aquel décimo antiguo probablemente esperó al periódico del día siguiente, o a que alguien trajera la noticia de viva voz, porque la radio y la televisión llegaron después, y la comprobación al instante desde el móvil es todavía más reciente si se compara con los más de dos siglos de historia del sorteo.
Un cambio menos conocido: la fiscalidad de los premios
Hay un cambio que rara vez se cuenta junto a los anteriores: durante gran parte de la historia del sorteo, cobrar un premio no suponía ningún trámite con Hacienda. Con el tiempo se introdujo una retención sobre los premios que superan un importe determinado, que hoy tributan al 20 % sobre el exceso de esa cantidad. Quien encuentra un décimo antiguo y calcula «lo que habría tocado» rara vez tiene en cuenta que, de haber sido premiado en la actualidad, ese cálculo debería incluir también esa retención, algo que no existía cuando aquel papel se compró.
Puesto en orden, el recorrido que separa aquel décimo de cajón del que se juega hoy se resume en cinco cambios concretos, ninguno de ellos ocurrido de una vez:
- El rango de números, de un abanico reducido a las cien mil combinaciones actuales.
- El cuadro de premios, ampliado por etapas hasta sumar casi 1.800 premios de pedrea por sorteo.
- La forma de enterarse del resultado, de la prensa y la radio a la comprobación instantánea.
- La fiscalidad de los premios más altos, inexistente durante buena parte de la historia del sorteo.
- El soporte del décimo de la Lotería de Navidad en Ibiza, hoy también disponible como resguardo digital con el mismo valor que el papel.
Lo único que ese décimo antiguo comparte con el de hoy
Con todo lo que ha cambiado, hay un detalle que conecta directamente aquel papel guardado en un cajón con la Lotería de Navidad en Ibiza que se juega esta edición: la fecha. El sorteo sigue celebrándose el 22 de diciembre, con el mismo mecanismo de bombos y el mismo canto de los niños de San Ildefonso que ya existía cuando se compró aquel décimo. Es, probablemente, lo único de todo el recorrido que no ha necesitado reinventarse.
Esa mezcla de cambio constante y ritual inalterado es, en el fondo, lo que explica que quien vive en Ibiza reconozca el sorteo de este año como «el mismo de siempre», aunque en realidad tenga muy poco que ver, en tamaño y en cifras, con el que jugaron generaciones anteriores. Da igual si el décimo se compró antes en Ibiza o en cualquier otro punto del país: el ritual del bombo y el canto de los números ha sido, durante generaciones, el hilo común de todo el sorteo.
De la anécdota familiar a la edición de este año
La anécdota del décimo encontrado en un cajón no cambia nada del sorteo actual, pero sí cambia la forma de mirarlo: cada detalle que hoy se da por hecho —el precio, el cuadro de premios, la posibilidad de comprobarlo al instante— es el resultado provisional de dos siglos de ajustes sucesivos, no un punto de partida fijo. Quien juega la Lotería de Navidad en Ibiza esta temporada participa, sin saberlo, en la versión más grande y más rápida de comprobar que ha tenido nunca este sorteo.
Como recuerda Lotería Castillo, entender ese recorrido ayuda a relativizar cualquier cifra actual, y a valorar mejor lo que se juega cada diciembre. Quien quiera situarse en la edición de este año antes de decidir su número puede consultar la disponibilidad de números de la serie actual, sabiendo que detrás de la Lotería de Navidad en Ibiza hay más de dos siglos de cambios acumulados.