Historia del sorteo

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Las sedes por las que ha pasado el sorteo

El Sorteo de Navidad no ha tenido siempre el mismo escenario. Antes de instalarse en el edificio que hoy asocia todo el país con el 22 de diciembre, el acto pasó por sedes muy distintas, cada una respondiendo a las necesidades de su momento.

Redacción · La Lotería en Navidad

Reloj de arena fotografiado en blanco y negro

El sorteo ha cambiado de sede, de formato y de precio; de fecha, casi nunca.

Repasar esas sedes es, en el fondo, repasar cómo ha crecido el sorteo. Un acto que empezó siendo modesto y localizado ha terminado necesitando un edificio pensado para acoger a cientos de personas, cámaras de televisión y un despliegue logístico que nada tiene que ver con sus primeras ediciones. Ese recorrido, edificio a edificio, dice tanto del sorteo como los propios números que canta cada bombo.

Antes de tener una casa fija

Durante mucho tiempo, el sorteo de diciembre no contó con un lugar propio y estable. Se celebraba allí donde la administración disponía de espacio suficiente, sin que existiera todavía la idea de una sede asociada de forma permanente a la cita navideña. Saber cuándo se celebró el primer Sorteo de Navidad ayuda a entender por qué: en sus primeras ediciones era, sobre todo, un sorteo más entre los que organizaba el Estado, sin el peso simbólico que fue ganando después.

De acto administrativo a cita con nombre propio

El cambio no llegó de golpe. Poco a poco, el sorteo de cierre de año fue distinguiéndose del resto, primero por el volumen de premios y después por el interés que despertaba entre el público. Esa transformación tiene mucho que ver con la propia historia de la lotería estatal: entender el paso de la lotería moderna a la lotería nacional, el origen de ambas figuras, explica por qué un sorteo que nació como una fórmula de recaudación acabó convertido en una cita que necesitaba, tarde o temprano, un espacio a su altura.

La sede que marcó varias décadas del sorteo

Durante la mayor parte de su historia reciente, el sorteo tuvo una casa fija: el Salón de Sorteos de la sede de Loterías y Apuestas del Estado, en Madrid. Fue allí donde se asentó buena parte de lo que hoy se reconoce como propio del sorteo: los bombos girando en paralelo, los niños cantando los números y los premios, el público reducido pero constante. Fijarse en cómo ha cambiado el formato del sorteo durante esa etapa es fijarse, en realidad, en cómo se fue consolidando ese mismo edificio: cada elemento que hoy parece inseparable del sorteo se afinó allí, edición tras edición.

Aquella sede tenía, sin embargo, un límite claro: el espacio. Lo que servía para un acto seguido por un público reducido y por la radio dejó de ser suficiente cuando la televisión, y después la retransmisión en directo, convirtieron el sorteo en un acontecimiento que seguían millones de personas a la vez. El edificio no creció con el sorteo, y esa distancia terminó forzando el primer gran cambio de sede.

Salón de Sorteos

La sala donde durante décadas se celebraron los sorteos de la lotería estatal, incluido el de Navidad, antes de que este necesitara un espacio mayor.

Teatro Real

La sede actual del sorteo, un teatro de ópera adaptado para la ocasión con dos bombos, gradas de público y cobertura televisiva completa.

Palacio Municipal de Congresos

El recinto que acogió el sorteo durante una breve etapa de transición, antes del traslado definitivo al Teatro Real.

Aforo

La capacidad de público que admite cada sede, uno de los motivos que más ha pesado a la hora de cambiar de edificio.

Una etapa de transición hacia un espacio mayor

Antes de llegar a su sede definitiva, el sorteo pasó por una etapa breve en el Palacio Municipal de Congresos, un recinto pensado para grandes eventos y con capacidad de sobra para el aforo que ya reclamaba la cita navideña. Fueron solo un par de ediciones, pero sirvieron para comprobar algo que hasta entonces no se había puesto a prueba: que el sorteo podía funcionar, y funcionar bien, fuera del edificio que lo había acogido durante tanto tiempo.

  • Más espacio para el público que quería asistir en persona.
  • Mejores condiciones para la cobertura televisiva en directo.
  • Un montaje pensado para un acto de una sola jornada, no para uso diario.
  • La confirmación de que el sorteo podía trasladarse sin perder su forma.

Esa etapa de transición allanó el camino hacia el cambio definitivo. No fue un traslado improvisado, sino el resultado de haber probado antes que el sorteo aguantaba el cambio de escenario sin que se resintiera ni el procedimiento ni la ceremonia que lo acompaña.

El Teatro Real, la sede que conoce hoy el público

Desde entonces, el sorteo se celebra en el Teatro Real, un teatro de ópera que cada mes de diciembre cambia por completo su función habitual. El escenario se despeja para instalar los dos bombos, las gradas se llenan de público y las cámaras ocupan los puntos que el resto del año reservan a la crítica musical. El edificio aporta, además de espacio, un componente simbólico: un teatro histórico, en el centro de Madrid, prestando su sala a un acto que ya no cabía en ningún otro sitio de la ciudad pensado para el mismo fin.

Lo que la nueva sede cambió para quien sigue el sorteo

El salto de escenario no solo cambió la logística. También coincidió con un salto en la manera de contar el sorteo hacia fuera: retransmisiones más largas, cobertura desde antes de que empiecen a caer los primeros números y un seguimiento en redes que no existía en la etapa anterior. Ese mismo fenómeno se puede rastrear en los anuncios de Navidad y su papel en la tradición, que llevan años usando el sorteo como telón de fondo de historias que poco tienen que ver con el resultado en sí y mucho con la fecha en la que se celebra.

Lo que dice del sorteo cambiar de sede

Cambiar de edificio no es un detalle menor en un acto que se apoya, precisamente, en la repetición: mismo día, mismo procedimiento, mismos gestos. Cada cambio de sede ha respondido a una necesidad concreta, casi nunca a un capricho, y en los tres casos el motivo se repite: el sitio anterior se había quedado pequeño para lo que el sorteo se había convertido.

Esa evolución del edificio corre en paralelo a otra, menos visible pero igual de constante: la del propio reparto del sorteo por el territorio. Consultar el índice de localidades donde se juega deja claro que, mientras la sede del acto se concentra en un único punto de Madrid, el sorteo en sí se reparte por administraciones de cualquier tamaño de población, sin que el cambio de escenario en la capital haya afectado a esa presencia repartida por el resto del país.

SedeQué la caracterizóMotivo del cambio
Salón de SorteosCasa fija durante décadas, formato consolidadoEspacio insuficiente para el público y las cámaras
Palacio Municipal de CongresosEtapa breve de transición, gran capacidadSolución provisional, no pensada para uso permanente
Teatro RealSede actual, valor simbólico añadidoCombina aforo, ubicación y prestigio del edificio
3 sedes

ha tenido el sorteo desde que fijó una casa propia

40 años

duró la etapa más larga, en el Salón de Sorteos

2 ediciones

duró la etapa de transición antes del Teatro Real

Cambiar de sede es, en el fondo, reconocer que la fiesta se ha quedado pequeña para el sitio en que nació.

Lotería Castillo recuerda que ese recorrido de edificios no cambia lo esencial del sorteo: el mecanismo sigue siendo el mismo, con independencia del escenario que lo acoja cada diciembre. Lo que cambia es la manera de vivirlo desde fuera, con más público, más cámaras y más seguimiento del que tuvo nunca en su etapa más discreta.

Puede jugarse el décimo de siempre, comprado en el mostrador de una administración o, hoy también, a través de internet. Sea cual sea la vía, el sorteo que se sigue es el mismo, celebrado en la sede que en cada momento ha sido capaz de sostenerlo.

Décimos de la Lotería de Navidad

Consulta qué números siguen disponibles antes de que se agoten.

Juega con responsabilidad. Prohibida la participación a menores de 18 años. La venta la realizan administraciones autorizadas por Loterías y Apuestas del Estado.