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Cómo se preparan para el día del sorteo
Semanas antes de que suene la primera bola, en el colegio de San Ildefonso ya se ensaya la mañana del sorteo: así se preparan los niños que después cantarán cada número y cada premio.
Redacción · La Lotería en Navidad
Cantar el número y mostrarlo son dos gestos distintos del mismo acto.
Lo que se ve el 22 de diciembre en la pantalla es solo el final de un proceso que empieza mucho antes, con clases, turnos y repeticiones que casi nadie fuera del colegio llega a presenciar. Conviene mirar ese trabajo previo para entender por qué el sorteo suena siempre igual de firme, año tras año.
La mañana cualquiera en la que empieza la preparación
Imagina una mañana normal, de las muchas que hay en las semanas previas al sorteo. En un aula del colegio, dos niños se colocan frente a una tabla cantora vacía, sin bolas ni premios reales, y repiten la misma frase una y otra vez hasta que la entonación suena idéntica a la del año anterior. No hay público, ni cámaras, ni nervios visibles: solo la frase, repetida hasta que sale sola.
Esa escena, multiplicada por decenas de aulas y de turnos distintos, es la que sostiene después la mañana entera del sorteo. Lo que parece espontáneo cuando se escucha por la radio es, en realidad, el resultado de muchas mañanas iguales a esa.
Los profesores que acompañan estos ensayos insisten en un detalle sencillo: no se trata de aprender de memoria una lista de números, porque esos números cambian cada año, sino de dominar un procedimiento que se repite siempre igual. Se ensaya la forma, no el contenido, y esa distinción es la que permite que cualquier niño, con la práctica suficiente, llegue preparado a la fecha señalada.
Ensayar en la tabla cantora, gesto por gesto
El ensayo no busca solo que el niño memorice números: busca que la voz aguante, que la cadencia no se rompa y que el gesto de sacar la bola y leerla se haga siempre en el mismo orden. Es un trabajo más parecido al de un coro que al de un examen, con correcciones pequeñas y constantes.
- Repetir la melodía de la cifra hasta que suena natural, sin acelerar ni arrastrar la voz.
- Practicar el gesto de sacar la bola del bombo con una sola mano, sin mirar el número antes de tiempo.
- Ensayar en parejas, para acostumbrarse a compartir el ritmo con otro niño distinto cada vez.
- Simular pausas largas, porque en el sorteo real hay tramos sin premios importantes que también hay que sostener.
El propio calendario de ensayos se ajusta a medida que se acerca la fecha, con sesiones cada vez más parecidas al procedimiento real.
| Etapa | Qué se ensaya | Dónde |
|---|---|---|
| Semanas antes | Melodía y ritmo de la tabla cantora | Aula del colegio |
| Días antes | Turnos completos, con relevos incluidos | Salón donde se celebra el sorteo |
| La víspera | Último repaso y prueba de sonido con los micrófonos | El propio salón, ya montado |
Una costumbre que no nació ayer
Quien ve por primera vez a un niño cantar desde la tabla suele preguntarse de dónde viene la tradición del colegio de San Ildefonso, y la respuesta se remonta a una institución benéfica de acogida infantil, muy anterior al propio sorteo tal y como se conoce hoy. Con el tiempo, aquella tarea de anunciar números en voz alta pasó de gesto práctico a costumbre reconocible.
Lo llamativo es que la forma ha cambiado poco. El vestuario, el escenario y los micrófonos son de otra época, pero el gesto de coger la bola, mirarla y cantarla en voz alta sigue siendo, en esencia, el mismo de siempre.
Esa continuidad no es casualidad: se cuida a propósito, curso tras curso, precisamente para que la costumbre no pierda su forma reconocible. Cada nueva generación de niños del colegio hereda un procedimiento ya probado, con sus tiempos y sus pausas fijados de antemano, y se limita a hacerlo suyo con la práctica.
No es una sola voz, son muchas, por turnos
Quien se pregunta cuántos niños intervienen en un sorteo completo suele imaginar una única pareja fija, la que ve en televisión durante un rato. En realidad se turnan muchos más a lo largo de toda la mañana, en parejas sucesivas, porque ninguna voz aguanta cantando sin descanso durante tantas horas seguidas.
Los relevos que sostienen toda la mañana
Cada relevo dura un tramo limitado, pensado para que la voz no se canse y la atención no baje. Mientras una pareja canta, otra espera a un lado, ya colocada, lista para entrar sin que se note la pausa. Es un mecanismo silencioso que casi nunca se percibe desde fuera, pero que resulta imprescindible para que el sorteo no pierda ritmo en ningún momento.
Preparados también para el error
Los ensayos también contemplan qué pasa cuando un niño se equivoca al cantar: se detiene, se repite el número con calma y se sigue adelante, sin dramatizar el fallo ni buscar quién tuvo la culpa. Forma parte del procedimiento tanto como acertar a la primera.
Esa manera de resolver el error, entrenada de antemano, es la que explica por qué un tropiezo puntual apenas se nota cuando ocurre de verdad. El niño sabe que lo esperable no es la perfección, sino la corrección tranquila.
Cantar un número no es leerlo: es sostenerlo en el aire hasta que queda confirmado.
Lo que hay detrás del gesto de cantar
En el escenario, el alambre y las tablas son el detalle menos visible de todo el montaje: cada bola queda sujeta un instante en ese soporte, a la altura de los ojos, para que el niño pueda leerla con calma antes de cantarla, sin necesidad de sostenerla en la mano ni buscarla a tientas.
Ese pequeño mecanismo, tan discreto que casi nadie repara en él viendo la retransmisión, es el que permite que cada cifra se lea siempre desde la misma distancia y con la misma luz, sorteo tras sorteo.
cuesta cada décimo que se comprueba esa mañana
de plazo para cobrar cualquier premio
exentos de retención por décimo
Qué puede hacer quien sigue el sorteo desde casa
Si quieres vivir esa misma mañana desde fuera del colegio, conviene consultar tu localidad para saber qué emisora o canal cubre la retransmisión más próxima, con reporteros repartidos por plazas, mercados y calles concurridas.
Un despacho de lotería como Lotería Castillo sigue esa misma emisión esa mañana, igual que cualquier otro punto de venta repartido por el país, pendiente de las mismas voces que llevan semanas ensayando.
Soporte donde se coloca la bola para que el niño la lea antes de cantarla.
Tambor giratorio del que salen las bolas, uno para los números y otro para los premios.
Cambio de pareja de niños cantores durante la mañana, para repartir el esfuerzo.
Última prueba completa, con el procedimiento entero, antes del día del sorteo.
Nada de lo que se escucha esa mañana es improvisado. Detrás de cada número cantado hay semanas de aulas, relevos ensayados y errores ya resueltos de antemano, aunque nadie fuera del colegio llegue a verlo. Por eso la voz que canta el primer premio suena firme desde la primera cifra: ya lo ha dicho, en ensayo, muchas veces antes.
Consulta qué números siguen disponibles antes de que se agoten.
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