Los niños de San Ildefonso

6 min de lectura

Los turnos de canto y cómo se relevan

Cada pareja de niños canta durante un tramo fijo antes de ceder el turno a la siguiente, sin que el ritmo del sorteo se interrumpa ni un segundo. Así se organizan los relevos y así se corrige un canto cuando algo falla.

Redacción · La Lotería en Navidad

Bolas numeradas sobre una superficie clara

La voz que canta es el único momento humano de un procedimiento mecánico.

El sorteo dura horas y ninguna pareja infantil aguanta cantando todo ese tiempo seguido. Por eso el procedimiento incluye turnos fijados de antemano, un protocolo claro para cuando un número se canta mal y una supervisión que no se relaja en ningún momento del proceso. Nada de esto se improvisa el mismo día: el reparto de parejas y el orden de paso se acuerdan antes, y cada niño sabe de antemano en qué tramo del sorteo le corresponde subir al estrado.

Cuántas parejas cantan y cómo se turnan

El bombo de los números guarda una bola por cada cifra entre el 00000 y el 99999, y el de los premios encierra tantas bolas como premios se reparten esa edición, pedrea incluida. Extraerlas todas exige horas de canto sostenido, así que el trabajo se reparte entre varias parejas que se van relevando por turnos a lo largo de la mañana.

100.000

números posibles en el bombo

1.794

premios de pedrea por cantar

20 €

precio del décimo que arriesga cada número

Ninguna pareja canta de principio a fin: el desgaste de la voz y la concentración necesaria para no perder ni un número obligan a repartir el esfuerzo. El relevo no sigue un reloj exacto marcado al segundo, sino que se produce cuando la pareja en el estrado da la señal de haber completado su tramo, y la siguiente ocupa el sitio sin que la cadencia del sorteo se detenga. Cuantas más parejas se turnan, más corto resulta cada tramo individual, y eso reduce el riesgo de que el cansancio termine notándose en la voz que canta.

Qué marca el cambio de turno

El cambio no interrumpe el ritmo: mientras una pareja se retira, la siguiente ya está situada junto al bombo, lista para continuar exactamente con el mismo tono pausado. No hay pausa, aplauso ni anuncio de por medio: quien escucha por radio o televisión rara vez nota el instante exacto en que se ha producido el relevo, porque el patrón de voz se mantiene reconocible de una pareja a otra.

Los niños que se turnan ante los bombos

Antes de hablar de turnos conviene aclarar quiénes son los niños de San Ildefonso: alumnos de un colegio con siglos de historia detrás, elegidos entre quienes se presentan voluntarios cada edición. Es entre ellos donde se forman las parejas y se decide el orden en que van subiendo al estrado.

El entrenamiento antes del gran día

Nadie sube al estrado sin ensayo previo. Buena parte de cómo se preparan para el día del sorteo consiste en memorizar la cadencia exacta con la que se canta cada número y cada cantidad, separando bien las cifras para que no haya duda al otro lado de la radio. También ensayan el propio mecanismo del relevo, de forma que el cambio de pareja se note lo menos posible en el tono general del sorteo.

Turno

El tramo que una pareja pasa cantando ante los bombos antes de ceder el puesto.

Relevo

El cambio de pareja, hecho sin interrumpir el ritmo del sorteo.

Cadencia

El tono pausado y uniforme con el que se canta cada número y su premio.

Repetición

El segundo canto de un mismo número, obligado si hay alguna duda al oírlo.

Si la voz falla: la repetición del canto

El protocolo tiene previsto qué pasa cuando un niño se equivoca al cantar: se repite el número, despacio y con la misma cadencia, hasta que quede claro. No se corrige a media voz ni se pasa por alto. La pareja canta de nuevo el número completo junto con su premio, porque de esa claridad depende que quien escucha en casa reconozca su décimo sin margen de error.

Ese margen para repetir forma parte del propio diseño del turno: una pareja cansada tiene más papeletas de trabarse, así que el relevo cumple también una función de precaución frente al error, no solo de descanso para la voz.

Quién vigila que el relevo sea limpio

Conviene saber también quién supervisa el sorteo y con qué autoridad, porque ningún turno queda al margen del protocolo: el acto se celebra bajo control público, con notario presente desde el recuento inicial de las bolas hasta el cierre del bombo, y cada turno, cada repetición y cada canto quedan bajo esa misma vigilancia.

La supervisión no se limita al instante del canto: antes de empezar se cuentan en público las bolas de ambos bombos, y esa misma verificación acompaña cada cambio de pareja, para que el relevo no introduzca ninguna duda sobre lo que ha salido y lo que queda por salir. Esa presencia constante es la que permite que el sorteo se dé por válido tramo a tramo, sin esperar a un cierre final para comprobar que todo se ha hecho conforme al procedimiento.

Seguir el sorteo turno a turno

Fuera del estrado, quien sigue el sorteo no necesita saber en qué turno se ha cantado un número: basta con reconocer la cifra, venga de la pareja que venga. Cada relevo mantiene el mismo procedimiento, con independencia de cuál sea la pareja de guardia en ese momento.

MomentoQué hace la pareja en el estradoQué hace la pareja siguiente
Antes de subirRepasa en voz baja la cadencia de cantoEspera la señal para ocupar su lugar
Durante la extracciónExtrae, canta y repite cada número con su premioSigue el ritmo desde un lateral
Al cambiarCede el sitio sin romper la cadenciaRetoma el canto en el mismo tono

Para comprobar después con calma qué ha caído cerca de casa, sin depender de haber estado atento al turno exacto en que sonó, lo habitual es buscar por población y revisar qué números han salido cerca de la propia administración.

Cadenas de administraciones como Lotería Castillo siguen la retransmisión igual que cualquier aficionado, turno tras turno, atentas a si alguno de sus números sale premiado.

De principio a fin, así se organiza el reparto de turnos:

  1. Se cuentan en público las bolas de los dos bombos antes de empezar.
  2. La primera pareja ocupa el estrado y comienza a cantar.
  3. Cada tramo termina con un relevo que no interrumpe la cadencia.
  4. Si un número se canta mal, la propia pareja lo repite antes de seguir.
  5. El ciclo se repite hasta que el bombo de los premios se queda vacío.

El relevo bien hecho no se nota: el sorteo suena como una sola voz que no se cansa nunca.

Cuando cae el último número de la pedrea, el turno vigente es también el último: no hace falta relevo porque el bombo de los premios ya no guarda nada más que cantar, y el silencio cierra el sorteo sin necesidad de ningún aviso adicional.

Décimos de la Lotería de Navidad

Consulta qué números siguen disponibles antes de que se agoten.

Juega con responsabilidad. Prohibida la participación a menores de 18 años. La venta la realizan administraciones autorizadas por Loterías y Apuestas del Estado.