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De dónde viene la tradición del colegio de San Ildefonso
Antes de ser el escenario del sorteo más seguido del país, el colegio de San Ildefonso fue una casa dedicada a acoger y educar a niños sin recursos. De esa función benéfica, muy anterior al propio sorteo, viene una tradición que hoy parece indisociable de la Lotería en Navidad.
Redacción · La Lotería en Navidad
La voz que canta es el único momento humano de un procedimiento mecánico.
Cada 22 de diciembre, antes de que suene el primer número, alguien se pregunta de dónde sale la costumbre de que canten precisamente esos niños y no un locutor cualquiera. La respuesta empieza siglos atrás, en una institución pensada para todo menos para un sorteo, y solo después se cruzó con las bolas y los bombos.
Un colegio con más historia que el propio sorteo
El colegio de San Ildefonso no nació pensando en la lotería. Antes de que existiera el sorteo tal como se conoce hoy, ya funcionaba como una casa dedicada a acoger y educar a niños sin familia o sin recursos, sostenida en distintas épocas por la caridad y por la administración pública. La enseñanza convivía con el alojamiento: los alumnos vivían allí, no solo estudiaban entre sus muros.
De la beneficencia a la educación pública
Con el paso del tiempo, la institución fue cambiando de naturaleza. Lo que empezó como refugio y escuela para menores desamparados se transformó en un colegio público integrado en el sistema educativo ordinario, con un alumnado mucho más amplio que el de sus orígenes. La función de acogida se fue diluyendo; la de enseñanza se quedó y terminó por profesionalizarse.
Ese cambio de naturaleza no borró el vínculo con el sorteo, más bien lo hizo más visible. Mientras otras instituciones benéficas de la época desaparecieron o se fusionaron sin dejar rastro público, esta conservó un escaparate anual que la mantuvo presente en la memoria colectiva mucho después de que su función original hubiera cambiado por completo. El nombre del colegio se quedó pegado al sorteo incluso para quien no sabría explicar de dónde viene.
Por qué sus alumnos cantan los números
La pregunta de quiénes son los niños de San Ildefonso casi siempre viene después de otra: por qué un colegio y no cualquier otra persona se encarga de cantar el sorteo. La explicación tiene que ver con la garantía del acto, no con la casualidad. Al no tener nada que ganar ni perder con el resultado, unos menores sin relación con las apuestas ni con las administraciones ofrecían una imagen de imparcialidad difícil de discutir.
La explicación que se repite y la que consta en los archivos
Existen dos maneras de contar esta historia. La que circula de boca en boca simplifica el origen y lo reduce a una anécdota simpática sobre niños que empezaron a cantar casi por casualidad. La que queda documentada apunta a algo más deliberado: recurrir a menores de una institución benéfica, ajenos a cualquier interés en el resultado, como forma de blindar la confianza del público en un sorteo que movía, ya entonces, bastante dinero.
Ninguna de las dos versiones se contradice del todo. La anécdota explica cómo se cuenta la tradición en una sobremesa; el archivo explica por qué se sostuvo durante tanto tiempo sin que a nadie le conviniera cambiarla.
Cómo funciona hoy la participación de los niños
El mecanismo actual conserva la misma lógica que en sus comienzos, aunque el colegio de alrededor haya cambiado casi por completo: los dos bombos del Sorteo de Navidad giran a la vez, uno con los números y otro con los premios, y cada pareja de niños extrae una bola de cada uno antes de cantarla en voz alta ante las cámaras y los micrófonos.
Centro educativo de Madrid del que salen los niños que cantan los números y premios del sorteo.
Cada relevo de una pareja de alumnos ante los bombos, pensado para repartir el esfuerzo de toda la mañana.
Cada uno de los dos tambores giratorios: uno guarda los números, el otro los premios.
La entonación pausada y clara con la que se anuncia cada número junto a su premio.
| Aspecto | En su origen | En la actualidad |
|---|---|---|
| Función del colegio | Casa de acogida y enseñanza para menores sin recursos | Colegio público de la capital, con alumnado mucho más amplio |
| Quién cantaba | Solo niños internos del propio centro | Alumnos y alumnas que se presentan voluntarios cada curso |
| Motivo del vínculo | Garantizar un sorteo sin intereses propios de por medio | Mantener viva una tradición reconocible en toda España |
Nadie canta la mañana entera en solitario: los turnos de canto se organizan en parejas que se van relevando cada pocos números, de forma que ninguna voz tenga que sostener el esfuerzo de una sesión que se alarga durante horas. Antes de coger el micrófono, ensayan durante semanas la cadencia exacta con la que se anuncia cada cifra.
Fuera del colegio, cadenas de administraciones como Lotería Castillo siguen la retransmisión igual que cualquier aficionado, atentas a si canta alguno de sus números vendidos.
- Los alumnos que quieren participar se apuntan de forma voluntaria, curso a curso.
- Ensayan la cadencia de números y cantidades durante semanas.
- Se organizan en parejas para relevarse ante los bombos.
- El día del sorteo repiten el mismo tono pausado turno tras turno, hasta el final.
Que sean niños quienes cantan no es un capricho estético: es la manera más sencilla de demostrar, en directo, que nadie ha tocado las bolas.
Cuántos niños hacen falta para un sorteo completo
Basta con preguntarse cuántos niños intervienen en un sorteo completo para darse cuenta de que la cifra no es fija: depende de cuántos se presenten voluntarios ese curso y de cómo se organicen los relevos entre ellos. Lo que sí se mantiene constante es el reparto en parejas y la rotación continua, pensada para que la voz nunca falle de cansancio a media mañana.
giran a la vez frente a los niños cantores
números distintos entran en el bombo grande
vale el décimo que anuncian sus voces
Qué queda de la tradición fuera del colegio
Entender de dónde viene la tradición interesa sobre todo a quien quiere algo más que ver el sorteo por encima: a quien le gusta saber por qué las cosas son como son antes de escucharlas. Seguir cómo funciona hoy, en cambio, interesa más a quien solo quiere entender lo que va a oír esa mañana, sin necesidad de repasar la historia completa del colegio. La primera mirada explica el porqué; la segunda, el cómo.
Para quien busca algo más práctico, como saber qué ha tocado cerca de casa, conviene mirar las páginas por municipio, donde se recoge el reparto de premios localidad a localidad, al margen de la historia del colegio.
El colegio de San Ildefonso empezó siendo un lugar de acogida y terminó convertido en la voz oficial del sorteo más largo del calendario. Esa mezcla de origen benéfico y función pública explica por qué la tradición ha resistido tanto tiempo sin apenas cambios: nadie ha encontrado todavía una razón mejor para sustituirla.
Cambian los alumnos cada curso, cambia el propio colegio con el paso de las décadas, y sin embargo el gesto de fondo permanece intacto: menores ajenos al negocio del sorteo, cantando en voz alta lo que sale de dentro de un bombo, delante de quien quiera comprobarlo. Esa continuidad, más que ninguna fecha concreta, es la verdadera razón de que la tradición siga en pie.
Consulta qué números siguen disponibles antes de que se agoten.
Juega con responsabilidad. Prohibida la participación a menores de 18 años. La venta la realizan administraciones autorizadas por Loterías y Apuestas del Estado.
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