Los niños de San Ildefonso

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Quiénes son los niños de San Ildefonso

Antes de que suene el primer número, dos niños llevan semanas de ensayo detrás. Así se llega, paso a paso, a convertirse en la voz que canta el Sorteo de Navidad.

Redacción · La Lotería en Navidad

Una mano coge una bola numerada de un juego de azar

Cantar el número y mostrarlo son dos gestos distintos del mismo acto.

Cada 22 de diciembre, la pregunta se repite en miles de casas: quiénes son esos niños que cantan números y premios durante horas sin que se les note el cansancio. La respuesta empieza mucho antes del día del sorteo, en un colegio con siglos de historia, y termina con una pareja de voces infantiles turnándose ante los bombos hasta que no queda ni una bola por salir.

El colegio detrás de las voces del sorteo

Los niños que cantan los números pertenecen a un colegio madrileño que nació como centro de acogida y que, con el paso de las generaciones, quedó ligado de forma indisoluble al sorteo. No son actores contratados para la ocasión ni alumnos de una escuela cualquiera: forman parte de un centro con una tradición que se remonta muy atrás en el tiempo y que ha hecho de este sorteo su seña de identidad más conocida fuera de sus propias aulas.

Cómo llegan a cantar en el sorteo

Nadie asigna el puesto por sorteo interno ni por examen: los propios alumnos se presentan voluntarios cuando cumplen la edad y el curso que marca el colegio. El centro organiza turnos entre quienes quieren participar, de forma que a lo largo de los años pasan por los bombos generaciones distintas de niños, cada una relevando a la anterior sin que se rompa la costumbre.

Por qué cantan en lugar de leer los números

Quien escucha el sorteo por primera vez suele preguntarse por qué cantan los números en lugar de leerlos, como si se tratara de un boletín cualquiera. El canto obedece a un motivo práctico: una melodía fija, con las cifras separadas y alargadas, se entiende mejor por radio que una lectura corrida, y reduce el riesgo de que una cifra se confunda con otra al otro lado del aparato. La cadencia cantada convierte un número frío en algo que se retiene de oído, incluso cuando se escucha de fondo mientras se hace otra cosa.

Niño de San Ildefonso

Alumno del colegio que canta los números y los premios durante el sorteo.

Pareja de canto

Los dos niños que se turnan juntos ante los bombos en cada tramo del sorteo.

Bombo

Cada uno de los dos tambores giratorios: uno con los números, el otro con los premios.

Ensayo

Las sesiones previas en las que los niños practican la cadencia del canto antes del día del sorteo.

Cómo se preparan para el día del sorteo

La pregunta de cómo se preparan para el día del sorteo tiene una respuesta poco espectacular: ensayo repetido, sin atajos. Practican la melodía con números y cantidades inventadas hasta que la voz sale firme y sin dudas, porque un titubeo en directo se nota enseguida. También aprenden el gesto de repetir un número si creen que no se ha entendido bien, sin que ese gesto rompa el ritmo del resto del bombo.

El ensayo, semana tras semana

Las sesiones se reparten a lo largo de varias semanas antes del sorteo, con tiempo para que cada niño encuentre su propio tono sin forzar la voz. Los mayores del grupo suelen guiar a quienes cantan por primera vez, corrigiendo la velocidad o el volumen hasta que la pareja suena como una sola voz. Nadie llega al salón del sorteo sin haber pasado antes por decenas de repeticiones frente a sus propios compañeros.

Cuántos son y cómo se turnan ante los bombos

Una duda habitual es cuántos niños intervienen en un sorteo completo, porque el sorteo dura horas y ninguna pareja aguanta cantando todo ese tiempo seguido. La respuesta está en el relevo: varias parejas se van turnando desde que arranca la primera extracción hasta que se canta el último número de la pedrea, de forma que ninguna voz cargue con el peso de la mañana entera.

Dos bombos, una sola voz cada vez

En cada extracción intervienen dos niños a la vez, uno junto a cada bombo: uno canta el número que ha salido, el otro canta el premio que le corresponde. Cuando llega el relevo, la pareja siguiente ocupa el sitio sin interrumpir el ritmo de las extracciones, que no se detienen mientras se produce el cambio.

En pareja

Cantan siempre de dos en dos, nunca uno solo

Voluntarios

Se presentan ellos mismos, nadie los obliga a participar

Sin descanso

El canto no se detiene mientras dura el relevo

MomentoQué hace la pareja de turnoQué ocurre alrededor
Antes de empezarRepasa en voz baja la cadencia acordadaSe cuentan las bolas de los dos bombos
Durante su turnoCanta número y premio de cada extracciónGira sin pausa el bombo gemelo
En el relevoCede el sitio a la siguiente parejaEl ritmo del sorteo no se interrumpe

Las bolas que pasan por sus manos

Detrás de cada número que cantan hay un proceso previo del que apenas se habla: cómo se fabrican las bolas del sorteo que después van a parar a sus manos. Son piezas iguales entre sí en peso y tamaño, pensadas para que ninguna gire con ventaja ni desventaja dentro del bombo, y se revisan antes del sorteo para descartar cualquier bola que se salga de la medida. Los niños las manejan con cuidado durante toda la mañana, conscientes de que un golpe torpe puede desviar una extracción.

Un sorteo que se sigue en toda España

Aunque las voces salen de un único salón, las zonas donde se juega no tienen fronteras dentro del país: el sorteo se escucha igual en una capital que en un pueblo pequeño, y la misma pareja de niños puede decidir la suerte de números vendidos a cientos de kilómetros de distancia. Administraciones como Lotería Castillo siguen la retransmisión en directo igual que cualquier aficionado, atentas a si alguno de sus números sale cantado por esas voces infantiles.

Visto de principio a fin, así se llega a formar parte de esa tradición:

  1. El alumno cumple la edad y el curso que exige el colegio para participar.
  2. Se presenta voluntario ante los responsables del centro.
  3. Ensaya durante semanas la cadencia del canto junto a su pareja.
  4. Se turna con el resto de parejas a lo largo de toda la mañana del sorteo.
  5. Canta números y premios hasta que el bombo de los premios se queda vacío.

No hay guion que memorizar, solo una cadencia que repetir con la misma calma número tras número.

Cuando termina el sorteo, la pareja que ha cantado el último número vuelve a su sitio como una más entre sus compañeros, sin ceremonia especial. Al año siguiente, otros nombres ocuparán su lugar ante los bombos, y la tradición seguirá exactamente igual.

Décimos de la Lotería de Navidad

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